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PRESENTACIÒN DEL PROYECTO PAPATYA Un bautizo difícil, aunque sin crisis de identidad
PAPATYA existe desde 1986, es decir, hace más de 13 años. Durante estos años hemos cambiado la descripción de nuestro proyecto varias veces, lo que refleja también las discusiones implícitas sobre su contenido y la transformación de la concepción de nuestro grupo. PAPATYA fue fundada como centro de acogida para chicas turcas en situación de riesgo. Como la expresión “chicas turcas” no abarca las chicas kurdas, posteriormente cambiamos el nombre por “centro de emergencia para chicas de Turquía”. Pero aún así no parecía correcto, ya que hay muchas chicas que solamente conocen Turquía de sus viajes de vacaciones; nos pareció más adecuada la denominación “chicas de origen turco”. Pero esta denominación ya no es la apropiada, dada la evolución de nuestro proyecto. Una tercera parte de las chicas que han acudido a PAPATYA en los últimos años no son de origen turco. A este grupo pertenecen sobre todo jóvenes del Líbano, de la antigua Yugoslavia, y otras chicas de países de cultura árabe como los países del Magreb, Jordania, Pakistán, Irán, Azerbayán y Albania. Además acogemos a chicas de matrimonios de nacionalidad mixta, e hijas de musulmanes alemanes. Y ocasionalmente llegamos a albergar a chicas gitanas (romaní), chicas de Israel, de China, Vietnam u otros países cuando necesitaban protección. Todavía no hemos encontrado una descripción que haga justicia a esa diversidad. Pero no hay que confundir el problema del nombre o la nacionalidad de nuestras huéspedes con un problema de identidad: sabemos muy bien quiénes somos y lo que hacemos.
Antes de exponer los métodos de trabajo de nuestra institución y la situación de las chicas en los últimos 15 años, querríamos adelantar unos cuantos comentarios sobre la representatividad de nuestras observaciones. La situación de las jóvenes que vienen a PAPATYA no es el caso típico de la situación de chicas de familias de emigrantes.
Como institución de crisis con dirección anónima, cuya primera tarea es ofrecer protección a las chicas, tratamos sobre todo con jóvenes con graves problemas en sus familias, cuyos padres disponen de pocos medios a su alcance para resolver este tipo de problemas. Así hablamos de una “selección negativa”. También hay chicas que viven bajo condiciones de vida insoportables, pero que nunca encontrarían el camino hacia PAPATYA. Una razón para eso puede ser que no dominan el alemán, que no van a la escuela, que no tienen una documentación en regla, o que no tienen permiso para salir de casa. Aquí hablamos de un grupo de chicas que querían o tenían que escaparse de casa. De hecho hablamos de una parte de este grupo, porque algunas chicas no necesitan una dirección anónima.
PAPATYA puede acoger hasta 8 chicas de los 13 a los 20 años de edad por un periodo de entre 2 y 3 meses. Cada año vienen de 60 a 80 chicas a PAPATYA que permanecen en la casa un tiempo que oscila entre unas cuantas horas y varios meses. En las seis plazas a jornada completa trabajan siete colaboradoras (turcas, kurdas y alemanas). Gracias a la co-financiación del instituto alemán de empleo, recientemente se ha podido emplear a una profesora y una empleada doméstica de media jornada. Nos ocupamos del cuidado social y psicológico de las chicas las 24 horas. Además forman parte de nuestro trabajo la organización de un gran hogar, su gestión y su administración, al igual que las relaciones públicas y la colaboración con muchas otras instituciones. El modo de acogida de la chicas es rápido y poco burocrático. Como el número de teléfono de PAPATYA es secreto, el “Berliner Jugendnotdienst” (Servicio de emergencia para jóvenes en Berlín) representa el punto de contacto con las chicas. Según párrafo 42 del KJHG, el Jugendnotdienst como institución del senado de Berlín también puede acoger a chicas menores de edad si por la noche o durante los fines de semana no se puede contactar con los servicios sociales de atención primaria. Las chicas acuden al Jugendnotdienst por su propia cuenta. Pero también solicitan consejo del Jugendnotdienst profesoras, trabajadoras sociales y los servicios sociales de atención primaria. En muchos casos ya por teléfono se llega a un diagnóstico previo. Si es posible, en esta fase hablamos directamente con las chicas, para aclarar conjuntamente si nuestra oferta es la adecuada para ellas.
En el concepto del espacio de protección que ofrece PAPATYA están incluidas varias condiciones, como por ejemplo horarios de salida reducidos que las chicas tienen que aceptar. A pesar de la diversidad de la problemática de cada chica se pueden definir algunas zonas básicas de conflicto cuando deciden abandonar el hogar de los padres. Interpretando estos temas centrales hemos podido observar un cambio en los últimos años. Sobre todo al principio saltaban a la vista las diferencias más evidentes en comparación con una familia alemana y ante todo interpretábamos la problemática como condicionada por la cultura y la migración. Ahora reconocemos mucho más los conflictos en la familia o la pareja. He aquí un ejemplo para concretar el tema: Si una chica no tiene permiso para tener un novio, se puede interpretar el caso en relación a los de conceptos tradicionales del honor de la familia. En muchos casos seguramente es cierto, porque muchos padres en Berlín se aferran más a sus valores tradicionales de lo que lo harían en su país natal. Berlín les parece un lugar peligroso y temen que sus hijas puedan ser incitadas al consumo de drogas o llegar a tener contacto con redes de prostitución. Ellos intentan proteger a sus hijas con un control severo. Pero pese a ello los conflictos también se pueden interpretar dentro de contexto de sentimientos de envidia o competencia por parte de la madre o celos por parte del padre. En general ambos aspectos se solapan en el conflicto real y acaban siendo una mezcla imposible de separar. Por eso quizás esta situación ha cambiado relativamente poco con los años. Desde el principio de PAPATYA llevamos una estadística minuciosa. Durante la evaluación de los datos de 14 años hemos constatado en contra las nuestras expectativas que las hermanas mas jóvenes de las chicas que estaban hace años en PAPATYA vienen por razones similares.
Motivos para la fuga: Por qué vienen las chicas a PAPATYA? Las chicas no se escapan por razones insignificantes. Muchas de ellas ya habían sufrido durante años una situación familiar abrumadora hasta que se escapan. Malos tratos graves o gravísimos, abuso sexual, abandono, impedimento de la escolarización o formación, o la obligación de contraer matrimonio con hombres elegidos por los padres van acompañados de un control severo sobre las chicas, su reclamación en el hogar o en el cuidado de los hermanos pequeños y la prohibición de mantener amistades con chicos (a menudo también con chicas) de su misma edad. A menudo los problemas se agravaban bastante con el inicio de la pubertad, cuando los padres reducen cada vez más el margen de actuación de las chicas.
Intentos de soluciones individuales Una tercera parte de las chicas comenta que ya se escapó una vez, en la mayoría de los casos sólo por unas horas a casa de una amiga o de familiares. Pero a veces también se escaparon a centros de atención primaria para niños (Kindernotdienst) o a otros centros de atención pública. Es también alarmante que casi un 20% informa sobre intentos de suicidio de diferentes grados de peligro. La mayoría ingiere pastillas. Semejantes llamadas de socorro chocaban con la incapacidad de los padres para actuar. Ellos las ignoraron, las dejaron por mentirosas, o simplemente quitaron la importancia al asunto. Cuando las chicas deciden buscar ayuda fuera de la familia se dirigen primero a las profesoras o a las asistentes sociales de las escuelas. A menudo la escuela es el único lugar fuera de la familia que pueden frecuentar, por lo que crece la importancia de la escuela como punto de contacto en caso de problemas.
Malos tratos El porcentaje de las adolescentes que sufren malos tratos siempre está por encima del 80%. La mayoría de las chicas sufren malos tratos por parte del padre y muchas por parte de los hermanos también. No en pocos casos los padres apoyan a los hermanos. Cuando las chicas informan sobre golpes se trata en la mayoría de los casos de una paliza contundente con objetos. Las chicas consideran normales las bofetadas de vez en cuando. Subjetivamente las chicas consideran mucho más humillantes los insultos de los padres. Estos insultos menudo están dirigidos a la sexualidad de las chicas. “Puta” es uno de los menos graves. A las chicas les cuesta mucho comentar estos hechos.
Violencia sexual Cuando empezamos hace 14 años con nuestro trabajo, nos veíamos frente a la existencia de violencia sexual ya con las primeras chicas que vinieron – algo también inesperado para nosotros. En 1986 constatamos 21 casos de violencia sexual de diferentes grados, hasta tal extremo, que una chica se quedó embarazada de su cuñado. Los casos de violencia sexual llegan a ser aproximadamente un 30%, dentro de los círculos mas reducidos de la familia alrededor de un 20%. Una tercera parte de la violencia sexual dentro de la familia es ejercida por el padre, en casi una cuarta parte de los casos del hermano, pero también tíos, abuelos, primos y cuñados se encuentran en la lista del abuso sexual. Es sabido, también fuera del mundo especializado en esta materia, que una moral sexual estricta como la turca tradicional no es capaz de proteger a mujeres o chicas. Al contrario, la jerarquía de los sexos dificulta a las chicas la posibilidad de evadir el abuso o buscar ayuda. El alto valor que se atribuye a la virginidad lleva a veces a prácticas anales u orales para evitar un escándalo en la noche de bodas. Esto también puede tener como consecuencia que se acuse a las chicas de querer disimular una relación prematrimonial con un novio acusando a otro miembro de la familia de abuso sexual. Las chicas que confiesan la violencia sexual están expuestas a un gran peligro y necesitan absolutamente un lugar seguro, al que la familia no tenga acceso. Solo en el caso de que esperen poder proteger a los hermanos mas jóvenes, es decir, muy rara vez, las chicas se deciden a realizar una denuncia olicial.
Matrimonio por obligación Muy frecuentemente los padres optan por una boda rápida. Esto ocurre cuando ya creen no poder controlar los deseos de libertad de su hija. La boda planificada también puede relacionarse con un beneficio para los padres. Tanto más cuando de este modo se puede conseguir esa residencia alemana tan deseada, aunque se desconfía de las normas morales de las chicas educadas en Alemania. La cifra de las adolescentes afectadas por esta circunstancia se sitúa generalmente en un 30%. A menudo la planificación concreta de la boda es el último motivo que conduce a la huida de las chicas. Muchas veces el matrimonio obligatorio está estrechamente relacionado con un regreso al país de origen, también obligatorio. Las chicas temen esto tanto como un matrimonio por obligación. Aproximadamente a una cuarta parte de las chicas les afecta esta problemática.
El regreso obligatorio tiene poco que ver con las perspectivas de los padres de un posible retorno al país natal, ya que la mayor parte se ha hecho a la idea de una vida en Berlín o como mínimo de un ir y venir entre ambos países. Los padres esperan más bien poder disciplinar a la hija con la amenaza de enviarla al país de origen. Una parte no pequeña de las chicas que temen un regreso obligatorio ya habían sido abandonadas allí en unas vacaciones y solo consiguieron la vuelta haciendo muchas promesas de una futura mejora de comportamiento, con huelga de hambre u otros métodos. Más bien rara vez ocurre que las chicas quieren conseguir con su escapada el regreso al país de origen. En este caso, la mayoría de estas chicas fueron traídas a Berlín contra su propia voluntad.
Separaciones y rupturas En contra las nuestras expectativas, en el fondo de toda esta problemática hay un porcentaje de divorcios, madrastras, padrastros, padres solteros y madres solteras que no ha variado en los últimos años. Antes de la evaluación de nuestros datos teníamos la impresión de que este porcentaje había subido en los últimos años. Alrededor del 25% de los padres están divorciados. El divorcio en sí no necesariamente tiene que significar una catástrofe, pero después de la separación la mayoría de los padres contrae nuevas relaciones. Por lo tanto una parte relativamente alta de las chicas vive con padrastros o madrastras. El contacto con el progenitor con el que no conviven las chicas normalmente se rompe o es estrictamente prohibido. Esta parte de los padres separados en muchos casos vuelve al país natal. Aproximadamente un 8 % de las chicas son huérfanas de uno o de ambos padres. Del resto, un 60% viven con ambos padres y el otro 40% vive separado de uno o de los dos. Como agravante se puede añadir que muchas chicas de origen turco nacieron en Berlín o Alemania occidental, pero que fueron enviadas cuando eran bebés a casa de los abuelos u otros familiares en Turquía. En 1986 un considerable porcentaje de chicas (un 60%) nacieron en Turquía frente a un 35% que nació en Berlín o Alemania occidental. Esta relación se invirtió 14 años mas tarde: solo aproximadamente una cuarta parte nació en Turquía, mientras que el 60% lo hizo en Alemania. Sin embargo, este cambio radical se atenúa bastante por el hecho de que los hijos se educan durante los primeros años en Turquía. Mas o menos un 60% de las hijas es decir, mas de la mitad, se crían lejos de los padres en casa de los abuelos u otros familiares en Turquía. (Para las chicas de la Ex-Yugoslavia si excluimos a los refugiados, las cifras son similares). Estas chicas pasan sucesivos procesos de migración: del campo a la ciudad, de Turquía a Alemania, de casa de los abuelos a casa de una familia que generalmente no conocen. A menudo comentan que pensaban que sus abuelos eran sus padres. No pueden comprender las obligaciones que resultan de las circunstancias a las cuales están expuestas. Esto todavía es más significativo dado que nadie les explicaba los motivos de la separación: ellas viven esta separación como una humillación, como si no fueran deseadas Los padres en cambio esperan agradecimiento por haberlas ido a buscar. Ellos consideran la unión con la familia consanguínea algo natural así que no ven ninguna necesidad de aclararlo. Algunas chicas son llevadas de Turquía a Alemania a la edad de la escolarización, otras bastante más tarde. Así pues, el tópico de la “segunda generación” no capta la situación en toda su complejidad. Solo muy lentamente se pueden constatar cambios aquí. En 1994, por primera vez, las chicas que crecían con los padres superaban a las que crecían separadas en casa de unos familiares. Si a las separaciones producidas con anterioridad se le suman los divorcios o separaciones de los padres, las chicas se encuentran sin ningún lazo familiar. Si además representan una carga para los padres porque son difíciles de controlar o porque no cumplen con sus responsabilidades en casa, puede ocurrir que se les empuje de una parte de la familia a la otra entre varios parientes y que finalmente se considere la idea de realizar una boda rápida. Literalmente, no hay lugar para ellas.
Los padres en paro La situación económica de los padres en pocos casos es favorable. Contrariamente a nuestras suposiciones, el paro no ha subido mucho en los últimos años. En el grupo de familias de que tratamos el paro sigue entre un 25 y un 30%, y se constata que hay más padres que madres en paro. En las familias donde el padre ha quedado en paro, la madre es con frecuencia la única asalariada de la familia, trabajando casi siempre en limpieza, con sueldos y horarios poco favorables. Si se suman a los casos de paro los casos de familias que viven de la jubilación, jubilación anticipada o del subsidio social tenemos un aumento del 23% al 50% en los 14 años transcurridos entre 1986 y 1999. Por lo tanto aquí destaca un evidente empeoramiento de la situación económica. Sobre todo el subsidio social está en aumento.
Atención durante la Estancia La dirección anónima de PAPATYA es condición indispensable para poder proporcionar un apoyo efectivo. Solo así las chicas tienen la oportunidad de reflexionar sobre su situación con tranquilidad y sin la continua presión por parte de los padres. En muchas conversaciones se intenta apoyar el difícil proceso de definir su propia situación y de desarrollar nuevas perspectivas de vida. Hasta ahora la mayoría de las chicas apenas podían decidir algo por su cuenta. Ahora pueden y tienen que aprender a articular sus propios deseos y de defenderlos. El deseo “No quiero ver mis padres nunca más” expresado muchas veces a menudo se modifica rápidamente y tiene que ser comprobado, porque luego cede a favor de la pregunta siguiente: en qué dirección podría continuar? Para casi todas las chicas la fuga de casa significa no solo una liberación sino también una solución de emergencia, después de haber fracasado todos los intentos de cambiar la propia situación en la familia a través de la adaptación o la rebelión. Igualmente cobra importancia la reflexión sobre la ambivalencia de una separación. Nos esforzamos en acompañar y estructurar esta reflexión desde el punto de vista interior de la chica y desde la realidad. Después de una nueva acogida informamos lo más rápido posible al Servicio social de atención a la juventud (Jugendamt) del barrio y ellos se hacen cargo del primer contacto para informar y tranquilizar a los padres. Tampoco los colaboradores de los servicios sociales conocen la dirección de PAPATYA. Durante la noche o durante el fin de semana informamos directamente a los padres. Durante los primeros días las conversaciones separadas con las chicas y con los padres tienen lugar en el Jugendamt. En todas estas citas se acompaña a las chicas. Después de eso casi siempre se puede evaluar el peligro que corren y hacer una estimación de si existe un ámbito para un posible entendimiento entre ambos. En la mayoría de los casos la conversación entre padres e hijas es posible. Si es posible, una colaboradora turca o kurda y una colaboradora alemana preparan minuciosamente y acompañan estas conversaciones.
El trabajo con los padres: entre la ambivalencia y la toma de partido Con nuestra forma de trabajar con los padres nos encontramos a menudo entre dos fuegos. Por un lado, las chicas son reticentes al hecho de que hablemos con los padres y de que intentemos atenuar el miedo que sienten a conversar con ellos. Por otro lado, los padres nos reprochan que solo consideramos los intereses de las chicas. Para nosotros es un proceso largo en cuyo principio teníamos la ilusión de encontrar soluciones que hacen justicia a padres y hijas. Pero el margen operativo es mucho inferior de lo que suponíamos. Cualquier entendimiento fracasa sobre todo en dos puntos
Todavía se considera que las chicas solteras que no viven con los padres son una deshonra, se consideran prostitutas, lo que tiene como consecuencia que la reputación social de todos los miembros de la familia baja. Al mismo tiempo es importante saber que no se trata del comportamiento real de las chicas, como por ejemplo: “Tiene un novio y se ha acostado con él?” sino que se trata de la imagen que se proyecta fuera de la familia, como por ejemplo: “Ha hablado en la esquina de la calle con un chico?”, entonces se habría expuesto a una situación que posibilita un comportamiento “deshonroso”. Como se suele decir, no basta con serlo, hay que parecerlo. Para nosotros es difícil comprender que hasta los compañeros de la misma de edad defiendan este código de honor. Que sean insultadas hasta por hermanos y compañeros de clase cuando se escapan de casa. Contra la amenaza de la pérdida de honor la familia recurre a todos los medios posibles. Intentan persuadir a las chicas con promesas, chantajes a través de la presión emocional que ejercen (el abuelo se está muriendo, el hermano llora todo el rato) o intentan secuestrar a la hija en los casos más extremos. Las relaciones prematrimoniales son tabú, a las chicas solo les queda el remedio de esconder a sus novios y la mayoría tiene novio. En muchos casos esta es la frontera que rara vez podemos suavizar en las conversaciones. Eso aporta continuamente material para un conflicto que acaba en un circulo vicioso de prohibiciones y castigos por parte de los padres y mentiras por parte de las chicas. En situaciones sin salida no pocas veces hasta el novio les exige que vuelvan a casa de los padres: una chica decente pertenecería a la familia, él solo estaría dispuesto a ser el novio de una chica decente y de lo contrario terminaría la relación. Se puede negociar sobre la rescisión de compromisos o sobre matrimonios forzados, sobre la mudanza a casa de parientes, sobre horarios de salida, ayuda en el hogar, dinero mensual, reglas de vestir o sobre la asistencia a la escuela, pero no sobre los dos puntos mencionados anteriormente. A pesar de ello, en muchos casos nos pronunciamos a favor de conversaciones con los padres. Lo hacemos porque la huida de las chicas a menudo no solo es un paso hacia adelante independizándose de la familia sino también un último intento de averiguar si los padres las siguen queriendo a pesar de todo y si las necesitan y para ver si la familia es capaz de cambiar. Las chicas quieren saber cómo reaccionan sus padres ante su huida. En muchas familias predomina un silencio total, y la comunicación se desarrolla por vías de una jerarquía que solo da órdenes. Los padres cuidan económicamente de sus hijas sin que se les ocurra interesarse por los pensamientos o sentimientos de sus hijos. A menudo las conversaciones con los padres representan la primera oportunidad para que las chicas puedan expresar sus ideas delante de sus padres, que se ven obligados a escuchar. Muchas veces esta conversación adopta el carácter de negociaciones que finalizan en contratos que regulan por ejemplo el horario de salida. Se puede añadir que también hay chicas que corren tanto peligro que no nos podemos arriesgar a que se produzca una conversación con los padres.
Y dónde terminan las chicas? Aproximadamente una tercera parte de las chicas (un 35%) vuelve a la situación anterior, aquí no se puede utilizar la palabra padres porque muchas viven con la familia del padrastro o en circunstancias parecidas. Alrededor de un 10% encuentra una nueva perspectiva dentro del entorno de la familia. Se mudan a casa de la hermana mayor o a la casa de los tíos, o si los padres están separados a casa del otro progenitor o se van a vivir con la madre lejos de casa del padre, etc. Las chicas que deciden no volver tienen que solicitar un permiso en el tribunal tutelar de menores para que los padres pierdan el derecho sobre la determinación de residencia o la custodia de los hijos. Generalmente los jueces conceden estas solicitudes. En 1986/87 el porcentaje de los padres que asentía a un alojamiento en una residencia era prácticamente nulo pero en los años posteriores este porcentaje ha subido a aproximadamente un 10%. Alrededor de un 40% se van son acogidas por la asistencia juvenil en Berlín o en otros estados alemanes. Aprox. el 8% finaliza en hogares y el resto recurre a otras instituciones de acogida: una clínica, un piso propio o se casa con el novio. El contacto con las chicas que vuelven a casa se suele romper. Un proyecto de cuidado posterior que queremos establecer con ayuda del programa de cursos de formación ocupacional con una psicóloga turca y una alemana ha fracasado porque ni padres ni hijas mostraban interés en que se les recordaran los tiempos embarazosos de la fuga. Articulaban de manera muy clara que querían “olvidarlo todo y que querían volver a empezar de nuevo.” El porcentaje de las acogidas repetidas oscila entre un 10% y 15% por año, casi todas son chicas que les quieren dar otra oportunidad a sus padres y que habían vueltos a casa a pesar de grandes dudas. Cuando las chicas abandonan su casa por segunda vez suele ser definitivo. A menudo, con las chicas que se dirigen a los servicios sociales de atención juvenil mantenemos contacto durante mucho tiempo. En tiempos anteriores buscábamos para las chicas que corrían un gran peligro alojamientos en las afueras de Berlín, también porque allí disponíamos de residencias muy pequeñas y de familias tutelares. Durante los primeros cuatro años el porcentaje de chicas enviadas a estos establecimientos subía a un 40%. En la mayor parte esta forma de cuidado fracasaba. Las chicas volvían rápido con las familias porque se sentían aisladas, extrañas y solas en este entorno casi siempre rural. Hoy, el porcentaje de este tipo de residencias ha bajado a un 20%. Comprobamos más bien con escepticismo los deseos de las chicas de hallarse a una distancia geográfica grande de casa de los padres y vigilamos mucho que estén en un entorno en el que no sean la única migrante. En Berlín hemos tenido buenas experiencias con chicas más independientes que ya tienen mas experiencia y autoconfianza y que también, al menos al principio, disponen de un círculo propio de amigos. Al mismo tiempo es de gran importancia que las chicas puedan elegir también un piso compartido sólo ocupado por chicas. Hasta hace muy poco existían en Berlín tres pisos tutelados con dirección anónima y dedicados a la problemática de las chicas de Turquía. El anonimato de la dirección y la imposibilidad implícita de recibir visitas en estos pisos les llevaba a las chicas cada vez mas a la decisión de no mudarse allí. Por eso se levantó la condición de anonimato manteniendo el concepto intercultural, así que esta importante diferenciación dentro del programa de ayuda sigue existiendo. La normativa del cuidado actual para pisos tutelados que implica 2 asistentes sociales con ¾ puestos para 5 jóvenes sin embargo no es suficiente, sobre todo en el caso de las chicas más jóvenes. Con algunas residencias se ha establecido una buena colaboración. Pero en general, el alojamiento en estas residencias sigue siendo problemático, sobre todo porque tanto las chicas como los padres relacionan la palabra ”Heim” (residencia) con connotaciones negativas de miedo e inestabilidad, difícilmente reprochables.
PAPATYA ha desarrollado un concepto educativo para el grupo de las chicas mas jóvenes poco autónomas, del cual hablaremos mas adelante. Un grupo problemático a la hora de definir el seguimiento después de la estancia en PAPATYA también son las chicas mayores de edad, ya que los servicios de ayuda juvenil (Jugendhilfe) y los servicios de atención juvenil (Jugendämtern) rechazan cada vez con mayor frecuencia una financiación a su cargo. El déficit y los problemas de las jóvenes mayores de edad son tan similares a los problemas de las chicas menores de edad, que en los pisos tutelados de mujeres se ven desbordadas de trabajo y se niegan a acogerlas.
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